Fotografía y doxa:

una invitación para la crítica de la razón etnográfica

Jose Sebastián García Villalba

No querría ocupar aquí al lector con discusiones teóricas que, por más necesarias y urgentes que sean, no pertenecen al lugar que aquí se ha concedido a las fotografías. Ni querría, tampoco, caer en un sondeo inmarcesible sobre la fotografía como objeto, ya que hay múltiples trabajos que versan mejor sobre ello de lo que el autor de estas fotos podría hacerlo. Mi intención es un poco más simple. Al compartir las fotos de mi trabajo con los indígenas Kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta, no pretendo despertar en el espectador aquel risible sentimiento de haber "descubierto"; una nueva civilización, ni -igual de equívoco- presentar a "los verdaderos hombres", como cierto antropólogo que tanta revuelta ha causado en la disciplina en el caso colombiano, cuyo peso oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos, como dijo Marx.


El "dispositivo de visión" con el cual el espectador se acerca y se relaciona con la fotografía no es más que la manifestación puramente estética de la distinción que se da dentro de la producción capitalista: la base real sobre la cual descansa todo el sistema simbólico de la distinción tiene como base real un proceso concreto, de carne y sangre, de despojo. Así, el espectador no deberá tratar de buscar en las fotos tal delectación. Las sociedades amerindias dicen más sobre la sociedad que las ha producido y en la cual ha depositado sus sueños y esperanzas de una unidad prístina con la Naturaleza que sobre sí mismas. Aquella satisfacción es el sueño de una sociedad que produce fantasías sobre sí misma. Y es ahí donde la ciencia debe de empezar, por sus bases reales y concretas, qué es el sentido real y concreto de la fórmula de Bourdieu acerca de objetivar al sujeto objetivador. La objetivación, en este caso, opera, en su estado incipiente, como una interpretación de los sueños.

Páramo de la Sierra Nevada de Santa Marta, visto desde el poblado de Wanezhaka, cuenca Del Río Jérez (Maluisa).

Asentamiento kogi de Nubiyaka, cuenca Del Río Garavito, después de una fuerte lluvia.

Mama Zalé sentado en el sitio sagrado de Jaba Tañiwashkaka. Este sitio fue recuperado después de mucho tiempo, en un proceso que empezó desde el 2012. Los mamas han enseñado que los sitios sagrados no solo se encuentran alto entre las montañas, sino también al lado del mar. Dibulla, La Guajira.

Páramo de la Sierra Nevada de Santa Marta, visto desde el poblado de Wanezhaka, cuenca Del Río Jérez (Maluisa).

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